Esta semana la Cámara de Turismo y Cultura de Frutillar publicó una nota sobre Cancagua y el turismo regenerativo. Nos alegró, y también nos hizo ordenar en voz alta algo que rara vez contamos: lo que hicimos acá antes de recibir a nadie.
Esto iba a ser un hotel
La idea original era otra. Durante la pandemia todo se detuvo, y en esa pausa Luciana y Mario hicieron una pregunta distinta a la habitual: en vez de *qué queremos construir*, se preguntaron qué necesitaba este terreno.
La respuesta estaba en lo que ya había: el agua, el bosque y las especies nativas que habitaban el lugar. A partir de ahí, cada decisión se tomó para convivir con el entorno en lugar de modificarlo.
La biopiscina que funciona como un ecosistema
Nuestra biopiscina climatizada está considerada la primera de su tipo en el mundo. El agua no se purifica con químicos, sino con plantas y procesos biológicos que reproducen el funcionamiento de un ecosistema natural.
Es la diferencia entre imitar a la naturaleza y tratar de dominarla. Y se nota: el agua se siente distinta.
Lo que no se ve cuando vienes
La biopiscina es lo llamativo, pero el trabajo de fondo es otro:
- Más de 3.000 especies nativas del sur de Chile reforestadas
- El paisaje restaurado respetando la topografía original del terreno
- Maderas recuperadas reutilizadas en la construcción
- Un humedal depurador para el tratamiento de las aguas
- Geotermia y aerotermia para reducir el consumo energético
Ninguna de esas decisiones fue la más barata ni la más rápida. Todas responden a la misma idea: devolverle al territorio parte de lo que entrega.
Travesía Circular
Cancagua es uno de los veinte casos de Travesía Circular, la serie documental de País Circular sobre innovación y economía circular en la Región de Los Lagos.
Que la región sea mirada como un laboratorio vivo de innovación sostenible nos parece lo más valioso del proyecto: no se trata de un spa aislado, sino de una manera de hacer las cosas que puede replicarse.
Regenerar no es conservar
Conservar es dejar las cosas como están. Regenerar es devolver más de lo que se tomó: restaurar ecosistemas, fortalecer la biodiversidad, valorar la identidad local y crear experiencias que hagan que quien visita entienda y respete el lugar donde está parado.
Por eso, cuando llegas a Cancagua y te metes al agua caliente mirando el lago, estás dentro de algo que se pensó completo, mucho antes de que existiera la primera reserva.
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*Gracias a la Cámara de Turismo y Cultura de Frutillar por la nota.*
